Las muelas del juicio

Las muelas del juicio

Los cordales o terceros molares, comúnmente denominados muelas del juicio, son cuatro piezas dentales que se sitúan las últimas dentro de la arcada dental y en cada “esquina” superior e inferior. Son las últimas en erupcionar, alrededor de los 20 años o incluso más tarde, y suelen tardar bastante tiempo en salir o incluso permanecer durante temporadas semierupcionadas. Se llaman así precisamente por eso, por ser las últimas en salir, cuando se supone que ya se tiene un “juicio” desarrollado. Sin embargo, cerca del 30% de la población no tiene muelas del juicio o carece de alguna de ellas.

Durante la etapa de crecimiento de los cordales es recomendable acudir al odontólogo para que lleve un control e indique si están creciendo correctamente. Además, es imprescindible mantener una correcta higiene bucal mientras las muelas del juicio están saliendo, ya que al ser una zona con un acceso más difícil existe mayor riesgo de que surja inflamación o caries.

¿Para qué sirven las muelas del juicio?

Las muelas del juicio no tienen una función definida ni aportan ningún beneficio, sin embargo, sí suelen ser las causantes de molestias y trastornos bucales de distinta gravedad. De hecho, según la Sociedad Española de Cirugía Oral y Maxilofacial (SECOM), las muelas del juicio causan problemas a dos tercios de la población.

Las molestias se deben sobre todo a que estas piezas dentales no salen de forma vertical como el resto, sino que se desplazan de forma oblicua, inclinándose hacia delante. Por eso, uno de los primeros síntomas que causan suele ser presión o dolor en el segundo molar por la falta de espacio en la mandíbula.

¿Qué problemas pueden ocasionar?

Normalmente, el hueso maxilar superior y la mandíbula no suelen tener capacidad para albergar tres molares y estos crecen torcidos, surgiendo así la posibilidad de desplazamiento de otras piezas dentales. Hace muchos años se perdían dientes por lo que no suponía un problema que erupcionaran las muelas del juicio.

Sin embargo hoy, las muelas del juicio pueden causar daño en el nervio, quistes o, en casos excepcionales, tumores. Además, si sólo sale una pequeña parte de la pieza, puede formarse una bolsa en la encía donde se acumule alimentos y desencadenar una inflamación aguda que se extiende hasta la mejilla interna y los ganglios del cuello, con un consecuente dolor muy fuerte y dificultad para tragar. En estos casos, antes de extraer la muela, se debe tratar la inflamación con antibióticos, antiinflamatorios y analgésicos, según las indicaciones del odontólogo.

Además, a menudo las muelas del juicio no crecen de forma correcta y se impactan en la encía. Cuando esto sucede, se aconseja extraerlas antes de que desarrollen una infección. A su vez, la presión ejercida sobre los segundos molares puede provocar dolores intensos y alteraciones al masticar ocasionando mal funcionamiento y dolor en la mandíbula.

Las muelas del juicio se sitúan en un lugar en el que es complicado acceder con el cepillo de dientes ya que las piezas pueden estar demasiado juntas. Esta situación puede convertirse en un lugar perfecto para la proliferación de bacterias por lo que extremar la higiene es fundamental.

¿Extraer o no?

Algunos dentistas recomiendan la extracción de las muelas del juicio tan pronto como brotan para evitar problemas, mientras que otros profesionales no ven la necesidad de pasar por una cirugía innecesaria si estas piezas crecen de la forma correcta. De hecho, hay personas que viven toda o la mayor parte de su vida con las muelas del juicio, y sólo se les aconseja extraerlas en el caso de necesitar dentadura postiza.

La SECOM advierte de que la extracción preventiva de las muelas del juicio no está siempre justificada. Por eso, el cirujano oral debe hacer un balance entre los riesgos y los beneficios antes de realizar una extracción.

De esta forma, lo aconsejable es extraerlas cuando causan problemas o son dolorosas o pueden causar inflamaciones dolorosas, infecciones repetidas, mala dirección de erupción, etc. Y es que en la intervención pueden surgir complicaciones, pues el nervio puede ser dañado y causar la insensibilización del labio. Además, se recomienda la extracción antes de los 30 años, para que la operación sea menos complicada.

La prueba de diagnóstico más utilizada es la radiografía panorámica aunque cada vez se utiliza más el escáner dental, ya que permite conocer la posición exacta de los dientes. En la cirugía, se está utilizando el bisturí piezoeléctrico que se usa para mover el hueso que está encima de las muelas del juicio, mejorando así el postoperatorio.

¿Cómo se extraen las muelas de juicio?

El odontólogo o cirujano oral, recomendará aplicar anestesia general o local para adormecer la zona durante el procedimiento quirúrgico.

Después de la extracción de la muela, el dentista pedirá que el paciente muerda una gasa durante 30 o 45 minutos para detener el sangrado producido en la intervención. No se debe cambiar la gasa, ya que puede interrumpir el proceso de cicatrización. Pueden surgir ciertas molestias e inflamación que durará solo unos días. Sin embargo, si se nota un dolor prolongado, sangrado o fiebre después de la extracción se recomienda llamar inmediatamente a su odontólogo.

Una vez extraídas las muelas de juicio, no debe afectar la mordida o la salud bucal futura. La extracción de estas piezas dentales no debería ser dolorosa aunque en función de la posición de la muela y de la técnica utilizada, el postoperatorio puede ser más o menos molesto.

Recomendaciones después de la extracción de las muelas del juicio

Lo más importante después de una extracción de las muelas del juicio, sobre todo si es quirúrgico, es seguir los consejos del profesional que la realice, tanto de medicación como de alimentación y de hábitos higiénicos. De esta forma, los cirujanos orales y maxilofaciales recomiendan seguir dieta blanda y fría los primeros dos días tras la intervención, no fumar, no beber alcohol y tomar el tratamiento indicado que suele ser analgésicos y antibióticos, así como seguir una estricta higiene dental.

Estas intervenciones suelen ocasionar cierta inflamación y molestias, pero con el cuidado recomendado por el cirujano oral acaba remitiendo a los pocos días.

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